martes, 9 de diciembre de 2008

"Rey soñador"

Erase una vez un rey, llamado Soñador. Su reino era su propia vida. Sus súbditos todos sus sueños.
Durante muchos años tuvo un reinado tranquilo, sin sobresaltos y muy apacible, dedicado en cuerpo y alma a las cosas de su reino.
De apariencia reposada y algo taciturna, su vida transcurría como agua de manantial: tranquila y cristalina. Asumía sin ningún planteamiento extraño, que la vida era así; tal como era la suya. No ansiaba otra diferente de la que vivía, la suya estaba bien, no conocía otra mejor.
Nunca se había atrevido a traspasar las fronteras de su reino, siendo consciente de que al otro lado había otras vidas. Cuando llegaba a los limites de su reino, nunca le tentó cruzarlos. le llenaban de inquietud, perdía la seguridad que tanto le gustaba, y eso le hacía retroceder a sus dominios, buscando siempre la tranquilidad.
Estando un día, en su sitio preferido; el de los olores cruzados y de coloridos infinitos, el refugio del viento donde recalaba para descansar, le pareció escuchar una triste balada. Llegaba de otro reino, no era del suyo. Le pidió a su amigo el viento, que dejara de sonar, para así poder escucharla mejor. Asimismo le rogó que le ayudara trayéndole las estrofas con más nitidez, para poder escucharlas mejor. A lomos del viento empezaron a llegar los primeros compases, que el rey escuchaba religiosamente:
" El soñador impenitente
de nube tiene un escudo,
sonrisas es su saludo
y mira siempre de frente.
Busca caminos
en la inmensidad de la llanura,
cabalgando en su ternura,
trata de huir del destino.
Con sueños alivia la vida,
siempre dura y esquiva,
y con mirada furtiva,
escruta alguna salida.
Es concierto inacabado,
sin música de violines.
Busca para su vida otros fines,
que no sean los sueños alados.
Es almendro muy frondoso:
oloroso y muy florido.
Atesora lo vivido
aunque no sea siempre hermoso.
Caminando hace la vida,
como fruta que madura.
Cosas pierde y otras perduran;
es la ley, que rige la vida".
Un ligero escalofrío le recorrió todo su cuerpo, no hacía frío, pero él si que lo tenía. Se le puso la mirada de otoño, velada y muy triste. Su mundo interior tanto tiempo aletargado, resurgía nuevamente con toda su crudeza. Sabía que más tarde o más temprano, tenía que ocurrir y que afloraría, y aunque llevaba tiempo reflexionando y sopesándolo, le sorprendió lo pronto de su llegada. Las voces de su interior se habían vuelto muy exigentes, ya no se conformaban con la placidez de la tranquilidad, ansiabanotras cosas. Por primera vez, el rey tomó consciencia que su reino atravesaba un mal momento, le atacaban por uno de sus flancos, y no sabía hasta cuando podría resistir semejante ataque. Era consciente de que si no le hacía frente y poder contener el ataque, su reino podía quedar destruido.
Su reino de fantasía elaborado y cuidado con la precisión de una araña, por el contenido de unas estrofas al viento, se le podía venir abajo. No podía permitirlo. Tenía que hacer algo.
Pensó que la mejor solución era enfrentarse cara a cara con el enemigo, sabía que era un terrible y durisímo adversario. Antes que él, muchos guerreros, sólo con oir su nombre; Realidad, habían quemado como fuego de artificios sus ilusiones, sin tan siquiera presentarse al campo de batalla.
Le vinieron a la mente unos versos, de un aprendíz de poeta que había conocido años atrás.Cuando los leyó por primera vez, se sintió muy idntificado con ellos. Y justo en el peor momento, el que estaba atravesando, volvieron a resurgir:
"Prisionero de mis males
no puedo llorar mi pena,
dura y terrible condena
por conservar mis ideales.
Son como palmerales
azotados por los vientos,
que soportan sin lamentos
la furia de los titanes;
que como los alacranes
envenenan mis adentros".
No podía quedarse con los brazos cruzados, tenía que hacer algo. No sabía qué cosa, pero algo se le ocurriría. Se sentía fuerte para afrontar la situación, del resultado no estaba tan seguro. Pero había que intentarlo, no podía quedarse mirándolo desde la lejanía y en posición de retaguardia.
Sin armadura, sin armas, sólo con la honestidad y sinceridad de gran guerrero, se fue en busca del enemigo al campo de batalla.
Era tiempo de primavera, los colores y olores se entrecruzan, dándole un tono festivo a la marcha del rey Soñador. La media luna y el búho, le sirven de guía hasta la frontera. Los árboles del reino, con sus ramas cimbreantes, ayudadas de una brisa de alborada, se despiden de su señor. El rey, con semblante muy sereno, con ojos de color canela y porte de bandera izada al viento, traspasa la linea hacia el reino que le demanda su interior.
la lógica y la razón, no se encuentran muy cómodas. Hacen muchas preguntas, y las respuestas no son nada convincentes. Pero por otro lado, su corazón está pletórico con el encuentro de la nueva situación, y es el que le impulsa a continuar. Al rey Soñador, se le plantea una disyuntiva; de a quién hacer caso o quién tiene la razón. Opta por l os impulsos del corazón y continua adelante.
Acostumbrado a su reino de fantasía, no sabe como adaptarse al de la realidad.Todo es diferente, la forma de pensar, la de actuar y la de sentir. La escala de valores no es la misma. Mientras que en su reino, ciertas cosas son dogmas incuestionables, en éste no tienen la menor importancia. Se siente muy confundido, y ni tan siquiera, sabe como actuar en algún momento puntual.Le asolan nuevamente las dudas del por qué abandonó su reino. Se recompone, es un luchador nato y esto no le va hacer desistir de su intento.
En la forma de pensar de los que viven la realidad, observa un pragmatismo exacerbado. No tienen cupo los sueños, son como una especie de lastre, nadie quiere cargar con ellos. Por encima de todo, se vive el momento, el presente, lo inmediato, no hay espacio ni tiempo para otras cosas, ni tan siquiera para los sueños. Pues según ellos, son absurdos para el desarrollo de la vida cotidiana y la entorpecen.
Cada cual, piensa y actúa según sus propios intereses, no existe la solidaridad. Nadie se desprende de nada, para no conseguir nada. Es contraproducente dar algo, si no se puede conseguir alguna cosa al mismo tiempo. El que se salta la norma, se le supone que no está bien acoplado al sistema, por tanto es diferente, no está funcionando bien. Llegado un punto, se le trata de reconducir a la supuesta situación ideal; de que el Yo, siempre es lo más importante, lo demás carece de valor.
También observó que en la forma de sentir, tenía diferentes matices a como él sentía. El lo hacía con total entrega, con sinceridad, entregado por completo a la causa sentida. Desconocía la utilización y manipulación de los sentimientos, la mentira y la traición no eran flores de su reino de fantasía.
Dándose cuenta por otro lado, que esto era moneda corriente en el reino que estaba visitando, que era muy usual y se hacía sin ningún tipo de miramientos. La sensibilidad estaba mal conceptuada, era cosa de gente débil, sin fuerza, sin recursos para sobrevivir en este mundo insensible. La consigna era vivir plenamente, aunque para ello, tenían que sacrificar toda la ternuray respeto por el oponente. Eso era consideradoun signo de debilidad, y por consiguiente, restaba credibilidad.

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