martes, 16 de junio de 2009

"La verbena de San Antonio"


Identidades


"La verbena de San Antonio"

Aunque tenía una mente muy lúcida, el cuerpo ya no le ayudaba gran cosa. Desde que tenía uso de razón, siempre había estado trabajando. Todo el mundo sabe que la vida en el campo es muy dura y, los momentos de disfrute personal muy pocos. Ahora mismo, hacía lo que podía con sus quehaceres de cada día, que por cierto, no eran pocos. La vida de Gabriela, había sido una vida muy batallada; con más penas que alegrías. Mujer de mucho carácter y poco quejarse, nadie la había oído nunca lamentarse. A quién la quisiera escuchar siempre decía lo mismo, era su máxima favorita: “A la vida hay que hacerle frente y, nunca esconderse”. - Pues según decía: “Hay cosas que no tienen solución porque están muy altas y no llegamos, por tanto, no podemos hacer nada y hay que continuar. Y las que tienen arreglo, no por quejarse uno mucho se solucionan mejor".
Buscando sombra y fresco después de sus faenas, se sentaba al atardecer bajo la higuera; bajo su brazo la caja de hilos Dalia, dentro su piqué, su aguja y sus espejuelos. Pasaba la tarde haciendo rosetas, enfrascada en sus cosas, repasando su vida pasada. Verla enlazar el hilo entre las cabezas de los alfileres del piqué, para más tarde con la aguja ir haciendo los diferentes motivos y dibujos de la roseta, era algo digno de ver y contemplar. Pasado un rato la modorra la vencía y, se zambullía de pleno en su pasado, en sus recuerdos de su lejana juventud.
Le vino a la mente la imagen de los quince años, cuando iba a ir al baile por vez primera; más concretamente a la verbena de San Antonio. Llevaba un blusón blanco de muselina, combinado con una falda de cretona estampada con motivos florales, su pelo azabache recogido, su fresca belleza de niña morena por delante, desparramando tenues olores de agua de rosas; parecía una flor en todo su esplendor.
Cuando entró en el salón, lo primero que vio fue a las madres con sus hijas sentadas en los poyos de alrededor de la pista, esperando a que comenzara la música y empezara la rueda de mozos con las peticiones de bailes. Oyó a los músicos afinando sus instrumentos y al cantador aclarando su voz para comenzar. Todo le pareció increíblemente bonito, del techo colgaban guirnaldas y banderitas de colores hechas con papel, que decoraban profusamente todo el salón de un lado a otro. En cada esquina un candil de carburo, que iluminaba de una forma tenue la estancia para el baile, y que le daba un aspecto encantador.
Sonó la música y escuchó la voz del cantador, que entonaba una folía, le impactó la gran voz que tenía y sobre todo lo bien plantado que estaba. Nunca en ninguna ocasión anterior, había visto un hombre tan guapo. Lo miró fijamente con descaro, observando que él también la miraba. Comprendió que irremediablemente se encontraba perdida y a merced del dueño de la mirada color cielo.

6 comentarios:

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Verbena de San Antonio, y ese guapo músico que me mira, con mi falda floreada y mi blusón, jamás lo olvido.
Balambo, parece el tema del primer amor. Bello recuerdo.
En mi barrio también hubo verbena tres días con sus noches, hasta las tantas. Música en directo a toda máquina, ya no es lo mismo. Hoy, a los que curramos mañana no nos permiten pegar lo ojos, pero...se los perdono por ser verbena de San Antón en Andorra.
Besito dulce y !salve!

ARMIDA MARTIN dijo...

¡DIOS, cuantos recuerdos has traìdo a mi mente con tu hermosìsimo relato!

eL PIQUÈ, quise aprender..pero no me alcanzò el tiempo, me quedè en el bordado, el tejido a dos agujas y el crochet...la higuera, la de mi abuelo Juan...la verbena de San Antonio, la ùnica que conocì fue en Breña Baja, en su dìa, claro...

Tan vìvido, tan familiar tu cuento, que bien podrìa haber sido mi tìa de la que hablas...

Un abrazo amigo mìo

Nancy dijo...

¿es una tradición? Ah, por eso yo no puedo recordar nada y todo me supo a nuevo.
Qué interesante conocer algo de sus tradiciones.

Any dijo...

"Si tiene arreglo de que te quejás y si no lo tiene, de que te quejás?" esta frase la repetía mi abuela, me hiciste acordar.
Bueno, al menos Gabriela tiene un lindo recuerdo al que aferrarse mientras borda. No es poco ...
abrazo

tag dijo...

Me has dejado con ganas de saber más de la historia, de como continuó esa mirada color cielo, porque yo soy la chica que se enamoró de una mirada.

Como dice Natalia, parece una historia de primer amor,como las del pasado Sabado de Mercedes.

Muy bonita.

¿No vas a venir a recoger el Premio de las 7 cosas raras?

Un besito

Balamgo dijo...

Natalia,
Pues sí, es algo que tristemente vamos perdiendo.Las costumbre del pasado se nos van evaporando, ya nos quedan muy pocas...
Un abrazo.

Armida,
Comtemplé de pequeño a mi abuela cuando hacía rosetas, era una artista, tenía una rapidez endiablada.
Pues sí, probablemente tengamos muchas cosas en común de nuestros abuelos. A mí particularmente, me encanta rememorar algo sus vivencias ya pasadas. Me alegro que hayas disfrutado con el relato.
Un saludo cariñoso.


Nancy,
Las costumbre de nuestros habitats, pasados o presentes, siempre marcan un montón. Yo afortunadamente, tuve una abuela que le encantaba fabular y a mí eso me encantó, posiblemente algo de lo que hago ahora, se lo
debo a ella.Me encantan todas las historias, incluso las de aparecidos.
Un abrazo cariñoso.

Any,
Algo que distinguía a nuestras abuelas, era el coraje. No lo tuvieron muy fácil, pero ellas siguieron siempre adelante y sacaron a sus familias.Ahora nos quejamos de muy poca cosa, nos hemos vuelto muy mimosos.
Un saludo cariñoso.

Tag,
las miradas, ese mundo tan bonito y a la vez tan enigmático.Pero siempre conservadas como un bonito recuerdo y muchas veces, como nuestro tesoro particular. Si sobre todo son de la persona que queremos o hemos querido alguna vez.
Un saludo cariños.