jueves, 22 de octubre de 2009

"CANCIÓN DEL DÍA NOCHE"(VICENTE ALEIXANDRE)"


Mi juventud fue reina.
Por un día siquiera. Se enamoró de un
Norte.
Brújula de la Rosa. De los vientos. Girando.
Se enamoró de un día.
Se fue, reina en las aguas. Azor del aire.Pluma.
Se enamoró de noche. Bajo la mar, las luces.

Todas las hondas luces de luceros hondísimos.
En el abismo estrellas. Como los peces altos.
Se enamoró del cielo, donde pisaba luces.
Y reposó en los vientos, mientras durmió en las
olas.

Mientras cayó en cascada, y sonrió,en espumas.

Se enamoró de un orden. Y subvertió sus
gradas.
Y si ascendió al abismo, se despeñó a los
cielos.

Ay, unidad del día en que, en amor, fue noche.


VICENTE ALEIXANDRE.

Nació en Sevilla en 1898. A los dos años es trasladado a Málaga, en donde transcurrió su niñez. A los doce años se fue a vivir a Madrid con su familia. Estudia derecho e intendencia mercantil en Madrid y ejerce la docencia en este campo en la Escuela Superior de Comercio de la misma ciudad. Fue miembro de la Real Academia Española a partir de 1949. Formó parte de los poetas denominados de la Generación del ’27, con García Lorca, Cernuda, Guillén, Salinas y otros. En 1934 obtuvo el Premio Nacional de España y en 1977, el Premio Nobel de Literatura. Delicado siempre de salud, muere en 1984.

Su obra está muy influida por el surrealismo. En su poesía, consiguientemente, destacan metáforas visionarias, a veces con imágenes cósmicas, muy originales. Usa casi siempre el versolibrismo. Generalmente hablando podría decirse que la poesía de Aleixandre se hace "difícil", sobre todo hacia el final de su producción.

Los críticos suelen destacar tres etapas en su obra poética: la primera, en que domina la negación y el pesimismo. Una angustia existencial, típica de la filosofía de ese tiempo. Comienza su surrealismo a hacer incursiones. Una segunda fase en donde se destaca la visión cósmica y telúrica. Deja la soledad existencial y enfatiza la solidaridad humana, pero a base de la unión con el cosmos. Deja de lado casi por completo el surrealismo, haciéndose más comprensible su poesía. Y termina con una época más bien de reconstrucción, de vuelta a la niñez y juventud, añorando ambas ante la finalidad de la existencia.

Después de una larga vida enfermiza, muere en Madrid a la edad de ochenta y seis años.

martes, 13 de octubre de 2009

IBN HAZM DE CÓRDOBA- "El collar de la paloma"


Hice de la desesperación mi castillo y mi coraza,

no quiero disfrazarme de víctima de la injusticia.

Más que todo vale para mi,

eso poquito que me permite no necesitar a nadie.

Estando firmes mi religión y mi honor,

en nada tengo lo que se va de mi lado.

El ayer se fue, el mañana no se si lo alcanzaré

¿de qué voy a afligirme?

Ibn Hazm



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AMOR FALAZ

Tu amor, al que no he de acercarme, es falaz.

Tú sirves de lecho a todo el que llega.

No te contentas con un solo amante

y tienes en torno tuya una gran turba.

Si yo fuese príncipe, este príncipe no pretendería

verte, por miedo del tropel.

Te pareces a los deseos, que, por muchos que sean,

aceptan a todo el que se llega a ellos

y no rechazan a nadie que venga,

aunque la trompeta haya convocado a todo el género humano.



EL OLVIDO

Si antes me hubieran dicho:

“Olvidarás a quién amas”,

mil veces hubiera jurado:

“Eso no sucederá nunca”.

Pero ya que tras un largo desdén

fuerza es que venga el olvido,

bendito sea tu desdén,

pues que trabaja y se fatiga en curarme.

Ahora me maravillo del olvido,

como antes me maravillaba de la firmeza,

y veo ya tu amor como unas brasas

que arden, pero bajo la ceniza.



HERIDA INCURABLE

La herida que me has hecho tiene cura y no hay reproche.

La que es incurable es la herida del amor.

En medio de su tez blanca son los lunares

como nenúfares en un jardín de narcisos.

Cuántas veces aquel por cuyo amor me muero de triste

me dijo con palabras cortantes y despectivas,

cuando mis peticiones se hacían más apremiantes,

insistiendo unas veces y otras adulándolo:

“¿No basta mi desvío para aplacar tu sed

y ahuyentar el deseo que te anda por el pecho?”

Yo le contestaba: “Si así fuese, no habría

entre los hombres dos vecinos enemigos.

Los ejércitos se miran uno a otro antes de reñir

y luego la muerte abre entre ellos caminos de ruina.



ANGEL O PERSONA

¿Perteneces al mundo de los ángeles o al de los hombres?

Dímelo, porque la confusión se burla de mi entendimiento.

Veo una figura humana, pero, si uso de mi razón,

hallo que es tu cuerpo un cuerpo celeste.

¡Bendito sea el que contrapesó el modo de ser de sus criaturas

e hizo que, por naturaleza, fueses maravillosa luz!

No puedo dudar que eres puro espíritu atraído a nosotros

por una semejanza que enlaza a las almas.

No hay más prueba que atestigüe tu encarnación corporal

ni otro argumento que el de que eres visible.

Si nuestros ojos no contemplaran tu ser, diríamos

que eras la Sublime Razón Verdadera.



HERIDO DE AMOR

¿Hay quién pague el precio de sangre del asesinado por el amor?

¿Hay quién rescate al cautivo del amor?

¿O podrá acaso el destino hacerme retroceder hacia mi amada

como en aquel día que pasamos junto al río?

Lo pasé nadando y estaba sediento:

¡Qué maravilla uno que nada y tiene sed!

El amor, dueño mío, me dejó tan extenuado

que no pueden verme los ojos de los que me visitan

¿Cómo se las arregló el amor para llegar

a quién es invisible para todos?

El médico se ha aburrido de intentar curarme

Y hasta mis émulos sienten piedad de mi dolencia.



AMOR ABIERTAMENTE DECLARADO

Los que no saben qué es amor me censuran porque te amo,

pero, a mi juicio, tanto me da el que te injuria como el que se calla.

Me dicen: “Has dejado a un lado todo disimulo,

aunque te mostrabas a las gentes celoso observante de la ley religiosa”.

Yo les digo: “Ocultar mi amor sería hipocresía pura

y uno como yo detesta los hipócritas.

¿Cuándo vedó Mahoma el amor?

¿Consta acaso su ilicitud en el claro texto revelado?

Mientras no cometa cosas prohibidas, por las cuales tema

llegar el día de la resurrección con la cara perpleja,

no hago caso, en materia de amor, de lo que digan los censores,

y, por vida mía, me es igual que hablen a gritos o en voz baja.

¿Es acaso responsable el hombre de algo que no haya elegido libremente?

¿Por ventura el que se calla será reprendido por las palabras que no profirió?





Ibn Hazm

(Abu Muhammad 'ali Ibn Hazm; Córdoba, 994 - Manta Lisham, 1064) Teólogo, filósofo y poeta musulmán. Fue conocido en Europa por su gran obra histórico-crítica sobre las religiones y todavía más por su tratado amoroso juvenil El collar de la paloma, que nos ha revelado numerosos detalles de la vida social y espiritual de la época y cuya influencia fue importante en la literatura medieval de los reinos cristianos, especialmente en el desarrollo del tema lírico del «amor cortés».

Hijo de un dignatario de la corte califal de los Omeya, vivió en su juventud la agitación de las guerras civiles que en los primeros decenios del siglo XI derribaron la dinastía de los califas cordobeses. En el curso de aquellos años de perturbaciones, y en medio de las alternancias de la fortuna y la desventura (fue durante pocos meses visir de uno de los últimos efímeros Omeya, y antes y después prisionero y fugitivo), se formó su carácter áspero y batallador sobre un fondo de aguda pasión sentimental e intelectual distintivo de su obra científica y literaria.

A los veintiocho años compuso El collar de la paloma, en la fortaleza de Játiva y en un intervalo de la lucha política. Todo el resto de su vasta producción teológica, jurídica, histórica y polémica, en cambio, pertenece a los años de su errante destierro, período en el cual, proscrito de su ciudad natal por motivos políticos y religiosos (era ferviente partidario de una escuela jurídico-teológica heterodoxa, la zahirita, adversaria de la que predominaba en España, la malikita), vagó por las cortes de los príncipes musulmanes de la Península; conocemos su estancia en Almería, Talavera y Mallorca, y su retiro, en los últimos años, a un territorio de sus antepasados, Manta Lisham, cerca de la actual Casa Montija, donde murió.

sábado, 10 de octubre de 2009

CHARLES BAUDELAIRE



Al Lector

Necedad, error, pecado y tacañería ocupan
nuestras almas, nuestros cuerpos alteran,
y complacientes nutrimos los remordimientos
como los mendigos sus piojos.

Tercos son los pecadores y cobarde el arrepentimiento;
con creces exigimos se nos paguen las confesiones,
y al cieno alegres regresamos creyendo borrar
con viles llantos todas nuestras culpas.

Satán Trigemisto en cojín del Mal se halla,
mucho mece a nuestro hechizado espíritu,
y ese sabio alquimista vaporiza
el precioso metal de nuestra voluntad.

¡El Diablo maneja los hilos que nos mueven!
Incluso en seres inmundos hallamos seducción;
diariamente hacia el infierno vamos, y sin miedo,
bajando a través de tinieblas hediondas.

A fondo, como a una naranja seca, exprimimos
algún placer clandestino que de pasada robamos
tal un mísero libertino que besa y mordisquea
los martirizados senos de una ramera vieja.

En nuestras mentes se agita un pueblo de demonios,
apiñado e hirviente como un millón de helmintos,
y cuando respiramos fluye en los pulmones
la Muerte, río invisible, con sus apagadas quejas.

Si el estupro, el veneno, el puñal y el incendio
aún no bordaron sus atractivos diseños
en triste cañamazo de nuestra mala suerte,
es que sólo tenemos, ¡ay!, almas no atrevidas.

Hay chacales y panteras, linces y monos,
hay escorpiones y buitres, y también serpientes,
son monstruos que gruñen, aúllan y reptan
en la infame leonera de nuestros vicios,

¡pero uno sobresale por feo, perverso e inmundo!
Aunque no chille mucho y tampoco gesticule,
seguro que a gusto haría de la tierra un caos
y que al mundo se tragaría con sólo bostezar;

¡es el Tedio!, tiene en los ojos lágrimas falsas,
y fuma la pipa mientras con patíbulos sueña.
Lector, ya conoces a tan delicado monstruo,
-lector hipócrita-¡tú, mi prójimo, mi hermano!



CHARLES BAUDELAIRE

Nació en París en 1821.Huérfano de padre a los seis años, vivió como un abandono el segundo matrimonio de su madre.
Estudió en Lyon y más tarde en París.Rebelde e inconformista, con Las Flores del mal,publicada en 1857 y por la cual se vio acusado de "ultraje a la moral", inauguró una poesía de fuerte tono autobiográfico.
"Poeta maldido" por su franqueza y desprecio de las convenciones, traductor de otro gran "maldito", Edgar Allan Poe,y amigo de Flaubert y Gautier, entre otros artistas, fue rechazado por la Academia Francesa, a la que había presentado su candidatura. Durante unos años vivió en Bélgica, aunque regresó finalmente a Francia y en 1867 murió en Paris.

viernes, 2 de octubre de 2009

Sábado Literario - Historia de mis muebles



La mecedora

Sin duda ninguna, Agosto había sido un mes nefasto. No le había traído nada bueno, todo lo contrario, llegó cargado de cosas negativas. Por si fuera poco, casi simultáneamente se quedó sin trabajo y sin pareja.

Lo primero que se dijo: es que no debía deprimirse y no pensar en cosas extrañas. Tenía que ser fuerte y positivo. Sólo tenía que darse un poco de tiempo, para enfriar la cabeza y no tomar ninguna decisión precipitada. Por algún lado, ya vendría alguna solución; puesto que si una puerta se cerraba, ya otra se abriría.

Le agobiaba estar mucho tiempo en casa y se acostumbró a dar largos paseos, que le servían de alivio y terapia para sus problemas. Cuando paseaba, analizaba una y otra vez, la situación que le había tocado vivir, y se preguntaba el por qué le había tocado a él. Llegando a la conclusión que debía ser un problema coyuntural, un cúmulo de situaciones adversas, con un final nada feliz, y uno más de los miles de casos que había por ahí. Con el paso del tiempo, se fue serenando y asimilando su nueva condición; de hombre sin trabajo y desparejado.

No había dormido bien la noche pasada, se encontraba algo raro por la mañana y pensó que el día se le podía complicar un poco. Pensó que no iba a agobiarse más de lo necesario, y tenía que tratar de olvidarse aunque fuera unas horas de su problema. Sin pensárselo dos veces, se enfiló hacia la calle, y estando en ella empezó a encontrarse mucho mejor, el aire que respiraba era tonificante y milagroso.

La calle Barranquillo siempre le había gustado. La diversidad de tiendas que encontraba a su paso, su barroquismo y, la gente que pululaba en ella le fascinaba. Le entretenía y disfrutaba de todo con placer, entraba en cada una de las tiendas y lo observaba todo, recreándose con deleite en lo que ellas podía encontrar. Por encima de todas, había una que le encantaba, le atraía como un poderoso imán y pasaba más tiempo allí contemplando todo lo que había dentro. Era una tienda de muebles de segunda mano. De entre todos los muebles que se encontraban allí, sentía verdadera veneración por una mecedora antigua.

Desde la primera vez que la vio, sintió un irrefrenable deseo de comprarla, de hacerla suya. Inmediatamente pensó que tenía que ser para él, no podía ser para otra persona. Por otro lado, le daba la impresión que la mecedora, ya había elegido dueño. Era una sensación que no adivinaba a comprender ni explicar, tampoco el inusitado interés que sentía por el mueble en especial, y el ansia de posesión irrefrenable que sentía para conseguirla a toda costa. Parecía que se había vuelto a enamorar de una mujer.

Cundo llegó a casa cargado con ella, la puso en su sitio preferido del salón, parecía que toda la vida había estado allí, que era su espacio natural de siempre. Al compararla con los demás muebles, destacaba por encima de todos, no tenía rival. Lacada en negro, llena de preciosas filigranas en toda su forma, sin duda era una pieza única y espléndida.

Nunca imaginó ni por asomo, la cantidad de sensaciones placenteras que le provocó sentarse por primera vez en la mecedora. Al compás de su dulce balanceo, se relajó como nunca y cerró los ojos. Unas manos preciosas le acariciaban y abrazaban como nunca lo habían hecho. Le transportaban a un mundo de sensaciones inimaginables e inigualables, y que nunca había experimentado ni conocido. Le daba mucha pereza abrir los ojos, no quería que se evaporase lo que le estaba sucediendo, quería disfrutarlo el máximo de tiempo posible. Pensó que aunque abriese los ojos, el efecto placentero no se iría y podría conseguir disfrutarlo todos los días. Abrió los ojos y lo primero que vio muy cerca de su cara, fue una horrible calavera que lo miraba fijamente, con una sonrisa sarcástica en su boca desdentada.