viernes, 3 de julio de 2009

SÁBADOS DE MERCEDES - Las horas -

El devenir de las horas

Los dos niños jugaban en la era ajenos a lo que el destino preparaba para ellos, Mateo y Zoraida, ignoraban que sus vidas en unas horas iban a cambiar. Eran tiempos difíciles para todos, también para los niños; aunque en su mundo infantil y lleno de juegos todo fuera distinto, hasta las adversidades tenían diferente color.

Comadre Carolina ya tenía pensada y trillada la decisión que había tomado, le había costado muchas horas de sueño y estar en un sinvivir, pero la resolución era irrevocable pues las necesidades mandaban. Tiempo atrás, cuando era muy joven en casa de sus padres, ya había visto a su madre enfrentarse a muchas vicisitudes. Eran tiempos en que las decisiones por muy duras que fueran, recaían y las tomaban las mujeres, por la emigración de los hombres. La vida las había hecho mujeres fuertes, luchadoras, sin miedo y algo insensibles. En ausencias de sus maridos, eran los hombres de la casa.

Compadre Florencio - padre de Zoraida - hacía unos días le había comentado que unos conocidos del pueblo, estaban organizando un viaje clandestino para irse a trabajar a Venezuela. Que lo iban hacer en una chalupa que preparaban y, que tenían escondida en una cueva cerca de la playa; ya estaba casi todo terminado y preparado, puesto que en unos días zarparían. También le insinuaron que quedaban algunas plazas libres, por si alguien a última hora le interesaba el viaje.

Según se lo contaba el compadre, en la cabeza de comadre Carolina empezaba a germinar una idea. Su marido llevaba unos años fuera de casa como emigrante en Venezuela, podía mandar a Mateo con su padre y así poder labrarse un futuro mejor, pues el que se presentaba por aquí; era muy negro, lleno de nubarrones y la cosa no presagiaba nada bueno. En unas horas, con total sigilo, habló con quien tenía que hablar, se movió a los sitios más inverosímiles para buscar lo que necesitaba, y le preparó a Mateo el hatillo para el viaje.

Pasaron meses de incertidumbre, angustia y mucha zozobra por no saber nada de su gente. De su marido no había tenido noticias, tampoco sabía nada de su hijo Mateo, desconocía como había ido la travesía, si era vivo o muerto. Se pasaba las horas rezando, pidiéndole a su Dios que protegiera a los suyos. El veinte y cuatro de Junio - día de San Juan - recibió la visita inesperada de su compadre, al mirarle comprendió que era portador de buenas noticias. Inmediatamente supo que habían llegado noticias del viaje, que todos habían llegado bien y aunque muy extenuados estaban sanos y salvos. Le tranquilizó diciéndole que Mateo se había reencontrado con su padre, y que pronto recibiría noticias de ellos.

Todos los meses, comadre Carolina recibía noticias de su marido y de su hijo. En sus misivas, escritas probablemente por otra persona, le comentaban los pormenores de lo que hacían: el trabajo que hacían, las diferentes condiciones de vida, el esfuerzo que hacían para ahorrar un duro y lo mucho que extrañaban a su gente y su isla. Al final de la carta, Mateo siempre le recordaba a su madre, que le diera saludos suyos a Zoraida.

Pasados algunos años, todo seguía igual, Mateo y su padre seguían en Venezuela. Comadre Carolina, bregando en el campo y cuidando de los otros hijos, pero con una nueva idea en la cabeza. Aprovechó una tarde que vino el compadre Florencio - padre de Zoraida - a visitarla y, pasaron el rato platicando sobre lo bien que les vendría a Mateo y Zoraida que se casaran. Ellos habían observado que de pequeños se llevaban muy bien y, entre ellos había mucho cariño. No tardaron mucho en ponerse de acuerdo, y en unas horas tenían ya concertada una boda por poder.

En unas horas, Mateo después de muchos años volvería a ver a Zoraida, pero ahora convertida en su mujer por poderes. No podía controlar sus emociones, llevaba mucho tiempo involucrado con lo que hacía, y no había tenido tiempo de disfrutar de ninguna alegría, pero hoy si que iba a disfrutar la llegada de su mujer.

Miraba con ansiedad la escalerilla del barco y, en ese momento, le asaltó una duda; la conocería después de transcurrido tanto tiempo y ella le conocería a él. Cuando la vio bajar, no le cupo ninguna duda de que era Zoraida y al cruzarse sus miradas tampoco dudó de que ella le reconocía.
* Puedes seguir leyendo si lo deseas más relatos en otra dimensión:
http://www.odisea27.blogspot.com

16 comentarios:

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Balamgo,¿te has inspirado en la niña bella del dibujo, Zoraida?
En esa vida dura de las mujeres luchadoreas, firmes, con los hombres fuera, en la emigración, veo paralelismos con lo que nos sucede ahorita mismo, pateras, hombres jóvens, adolescentes, mujeres con sus bebés, a la búsqueda de una oportunidad, como entonces. A veces nos falla la memoria, todos fuímos emigrantes de alguna manera.
Evocas paisajes, esfuerzos, y el amor...aunque convenido de antemano, entre los compadres de las familias, que resulta!qué suerte! les resulta al chico y a la chica, ¿la de la pintura?.
Las horas en tu relato, son años, se diluyen. Buena memoria, bella evocación, natalí

LUNA dijo...

Balamgo, la historia se repite, cono un ciclo. Antes los españoles emigrábamos a America, a otros países de Europa, del mundo.
Cuántas hitorias de despedidas y reencuentos...
Hoy, como dice Natalia, son ellos los que vienen, y también de África.
Otra vez historias de lágrimas, despedidas...en este mundo de transumancia...
Me ha encantado tu historia, amigo.
Un besito

tag dijo...

Gracias por publicar tan pronto tu Sabado de Mercedes, porque así he tenido el placer de leerlo, antes de irme.
Una historia emotiva, real, como tantas de aquella epoca. Y con un final feliz.
Cuantas horas de espera, de incertidumbre, de no saber nada del ser o seres amados, han sufrido las mujeres siempre.
Algunas no tuvieron tanta suerte como Zoraida y Mateo.
Besitos

Any dijo...

Una historia de inmigrantes. Mis abuelos fueron inmigrantes, llegaron aqui a "hacer la América" escapando de la miseria y la guerra, dejando la familia, soñando con un futuro mejor.
Cuantas horas habrán pasado pensando en su tierra ...
Tu historia por suerte tiene un final feliz o abierto al menos; ojalá Zoraida y Mateo hayan vivido en paz y felices en la nueva tierra.
Me gustó mucho tu historia
abrazos

Mateo Bellido Rojas dijo...

Hola, Balango.
Tu relato me hizo pensar en los miles de inmigrantes que ponen su vida en peligro por buscar una vida mejor, al menos digna. Seguro que hay historias de amor que se han manifestado años después de que los enamorados se separaran por la emigración, y en tus mismas Islas Canarias.
Un abrazo

Neogeminis dijo...

Hay momentos decisivos ne la vida de las personas, para bien o para mal, ciertas horas nos marcan de por vida. Y cuando la vida no nos sonríe, muchas veces hay que decidirse y cambiar el rumbo de los acontecimientos...en esos momentos trascendentales hay que jugarse por entero!


Un abrazo!

alfredo dijo...

Cuanta nostalgia y emotividad se desprende de tu relato.

Cuantos paralelismo con otras vidas de desenlaces tan felices o no tanto.

Lo cierto es que a tus personajes sus horas les fueron propicias.

Muy ameno, gracias.

Alfredo

Carmen Andújar dijo...

Bueno, esta hitoria de emigración acaba estupendament, no como otras que ya sabemos como acaban.
Muy bonito relato.
Un abrazo

chonoman dijo...

Y aunque pasaron años para ellos solo fueron horas.
Bonito relato y muy real.
Besotes.
Paola.

mar dijo...

Muy emotiva tu historia, que largas se les debieron hacer las horas a todas esas mujeres sin noticias de los suyos y a todos esos hombres echando de menos lo que tuvieron que dejar atrás.
Casi todos tenemos algún familiar o conocido que tuvo que emigrar hace años por eso debemos comprender mejor a los que ahora recibimos y que intentan encontrar un futuro mejor como hicimos nosotros.
Me ha gustado mucho tu relato
Un beso de Mar

CASANDRA dijo...

QUERIDO COMPADRE CANARIO: qué relato!! qué vivencias afloran.
Tantas como lágrimas se quedan en mis ojos, reconociendo tantas historias de aquí y de allá.
Corazones y vidas divididas... en este caso el final felíz, logró unir lo que los hombre se empeñan en separar.
Hermoso escribir así.
Hermoso leerte aquí.

Un fuerte abrazo.

Mon dijo...

No es tristeza, son horas vagas...

Me ha encantado la lectura. Me quito el sombrero ante los sabados, cierto que ... hay gran calidad de relatos en esta unión de blogs.

Besos

Mon

Dorotea dijo...

Gracias por este estupendo relato, y gracias también por el final feliz (o al menos con posibilidad de acabar en felicidad) que es algo que no abunda en la realidad.
Preciosa la combinación de nombres Mateo y Zoraida.
Un abrazo.

JR dijo...

Emotivo relato, me hizo acordar cuando unos vecinos míos inmigrantes italianos hablaban de casarse por poder con personas que seguían en Italia, yo era chiquita y no entendía nada, pero imagino que debe ser duro dejar tu tierra en busca de otras oportunidades.
Tengo familiares en esa situación.

Saludos.

ADELFA MARTIN dijo...

Hermoso relato...cuan familiar me resulta lo de las chalupas (aquèllas historias) y lo de los matrimonios por poder...Tiempos difìciles, muchas decepciones que por cierto, en eso quedaban.. Un abrazo amigo, un plaer leerte.

gustavo dijo...

balang0...la separaci0n infinita, p0ng0, escrib0, reescrib0 la palabra infinta, ¡d0nde la vida fuera del trabaj0? es curi0s0, en unas h0ras se s0luci0na la ida, y 0tra ida y hasta un matrim0ni0 p0r p0deressss¡¡¡ es curi0s0s, el rest0 del tiemp0 a trabajar y a n0 vivir c0n l0s que se quedar0n 0 c0n l0s que se fuer0n...¡ y t0d0 p0r unas h0ras...¡¡¡
ve0 en este relat0 est0 y ciert0 sarcasm0 al hech0 em0ci0nante de s0luci0nar la vida lab0ral para lueg0 n0 p0der disfrutar d ela vida e0ci0nal¡¡¡
gracias, balang0