miércoles, 28 de abril de 2010

"El hombre"


Foto: D.Melián

El hombre,
encumbrado en sus pensamientos,
miraba hacia el mar.
El azul,
reflejando la verdad,
tenía un color muy intenso.
La tarde era silenciosa
y las nubes dormían.
Le fluían destellos del alma
y la mirada la tenía ansiosa.
El aire,
perfumado de violetas,
impregnaba a todos los sentidos.
Las ventanas,
se abrían a lo vivido,
giraban las penas como veletas.
Los árboles,
arropaban su tristeza;
que de todos sus poros fluían.
De sus ojos,
lágrimas salían;
pues se le escapaba su entereza.
Para sus penas,
sólo pedía descanso.
Sólo un pequeño remanso
para descansar,
de las pesadas cadenas.
¡ Y al Dios de los olvidados ¡
Como algo muy sentido,
que le nuble la mente
para conseguir olvido.

7 comentarios:

Elchiado dijo...

No se escapen enterezas ningunas en ésas lágrimas, amigo... que barran los pesares hacia un azul de mar que sabe absorber tristezas. Simpática foto para sentidas letras. Abrazo mañanero!!

Neogeminis dijo...

Conmovedora manera de compartir la tristeza de ese hombre-tucán...que espero no seas vos...de serlo, es un buen comienzo descargarse en un texto...más si tiene la profundidad del tuyo.
un abrazo.

CAS dijo...

Mis respetos, Balango: ME HAS CONMOVIDO. Bella forma de sentir.
Un fuerte abrazo.

CAS dijo...

"giraban las penas como veletas"...
así quien puede con las penas?

Any dijo...

No está mal que los árboles te arropen, me gustó esa imagen; aqui te arropan mas cuando hace muuucho calor, aunque parezca un contrasentido.
Existe el Dios del olvido? Adonde se lo contacta? Tendrá mail?
=)

Ojalá existiera si, tendría tantos clientes!
Un abrazo

Maat dijo...

Hola Balamgo.

Muchas veces, necesito encontrarme frente al mar a solas, en silencio, disfrutando de su compañía. Me da vida. Quizá por eso, tu poema me ha enganchado desde los primeros versos. Precioso poema, amigo.

Un abrazo.

Maat

P.D. Gracias por tus palabras de ánimo en mi blog.

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Miraba al mar y las penas giraban como veletas...las impulsaba la brisa interna pero un golpe de ola, de espuma, de colorido, le regaló el olvido que no era un dios que necesita ritos ni rezos, respira y huele a yodo.

Bello poema, Balamgo, preñado de melancolia y de aromas múltiples. Bsitooo.