miércoles, 10 de agosto de 2011

Don Dimas


Don Dimas era un hombre muy educado. De gran cultura, correcto en el trato, esmerada educación, y muy amable con todo el mundo. Nadie podía decir que lo había visto alguna vez, con malas maneras ni soltando ningún exabrupto.

Últimamente, Don Dimas no era muy dichoso con su comportamiento. No entendía lo que le estaba ocurriendo desde hacía unos meses. Su proceder y forma de comportarse, no eran propios de la educación que había recibido y de lo orgulloso que se sentía por ello.

Lo curioso de la situación, es que mentalmente seguía pensando correctamente como antes. Aparentemente continuaba siendo el mismo, pero no había manera de controlar los gestos de su cara, ni gobernar sus brazos y piernas que no le obedecían. Lo que más le molestaba de la nueva situación, era oír cómo le tachaban de loco agresivo y persona nociva cuando pasaban por su lado.

No le iban a creer y por tanto se ahorraba el dar explicaciones de lo que le sucedía, del por qué al cruzarse en la calle con gente conocida, utilizaba profusamente contra ellos un lenguaje soez, gestos obscenos y violencia física. Todas las cosas que había repudiado y odiado en su vida las soportaba estoicamente horrorizado y muy avergonzado, pero no las podía evitar.

Pasado algún tiempo, vagaba en soledad por las calles, sufriendo y rumiando su desgracia que nadie comprendía. Al mediodía, con un sol de justicia y por el medio de la calle, deambulaba sin rumbo fijo. Instintivamente se paró en seco en mitad de la vía, observó detenidamente la sombra de su propia silueta que se reflejaba en el suelo. Se quedó anonadado. No era su sombra, él nunca había utilizado un sombrero de Panamá.


12 comentarios:

Omar(enletrasarte) dijo...

uia...quedé en la duda, pero me juego a que se incorporó en otro tipo...
ingenioso, te mando un gran abrazo

San dijo...

¿Que le ocurrió a D. Dimas? igual eso es lo que le esta pasando a más de uno y una del lugar, genial relato Balango.
Un abrazo.

Arlequín Fantasma dijo...

René Magritte (Francés), personaje del movimiento surrealista, no precisamente el pintor más conocido; en un breve publicación titulada Les Mots et les images (las palabras y las cosas), proponía una serie de situaciones en que los nombres de las cosas, las imágenes que evocan y el objeto en si, fueran mezclados y confundidos para lograr un sentido más allá de la estética. En términos más sencillos, proponía despojar a las palabras de sus significados y propiedades, para luego confundirlas con todas las demás y así poder provocar que el espectador de las obras de arte, sumidos en aquella confusión, donde cada objeto podía ser cualquier cosa y tener cualquier característica, encontraran una razón todavía más profunda y asombrosa para el por qué de las cosas.

Tu cuento me recordó bastante a aquella tesis, una confusión en el nombre, las características y la imagen. Quizá dejándonos ver algo todavía más allá.

Buen cuento. Buen día.

Hasta otra,
Por el Arlequín Fantasma.

aina dijo...

No me parece el síndrome de Tourette sino que el problema va más allá, no descartaría el alzheimer.

Qué desesperación, no quiero ni ponerme en la piel de ese buen hombre. Lo malo de las degeneraciones mentales es que, a veces, te pillan con momentos de lucidez y eso resulta aún más desequilibrante.

Tu relato es desconcertante.

El Escritor dijo...

Qué extraño síntoma. Qué pasó?

La carne se rebeló ante el espíritu, no se me ocurre otra cosa.

Gran blog, me gusta como escribís, mucho.

Saludos.

Natàlia Tàrraco dijo...

No lo había utilizado, pero le quedaba elegante, y como vamos cambiando, o cambia todo a nuestro alrededor, así sin notarlo, camino del último paso sin sombra, mejor tomárselo con filosofía.
Ánimos Dimas, no estás solo.

Un relato en la línea de lo inquietante mirando para adentro en medio de la calle. !Salve!

Camarandante dijo...

Fantástico! Pobre loco, pero a todos nos puede pasar eso de no reconocernos en la sombra.
Abrazo

OceanoAzul.Sonhos dijo...

Tantos são os acontecimentos ao longo da vida que, por vezes, podemos deixar de ter as atitudes que sempre reconhecemos em nós como verticais e de conduta perfeita, para passar a não nos reconhecermos, revolta com o mundo... quem sabe...

Fantástico relato!
oa.s

David C. dijo...

sorprende.

Julio Díaz-Escamilla dijo...

Quizá otro don Dimas tomó el control un día y el de buenas maneras fue sometido al sótano cerebral, tal vez, como bien dice Aina llegó el Alzheimer, o posiblemente como refiere Omar ¡otro tomó su lugar o él se integró a otro! Quién sabe, lo que sí es seguro es que está muy bien contado. Felicitaciones.


www.hablaspalabras.blogspot.com

Alfredo dijo...

Pequeño gran relato, y es que todos llevamos dentro multitudes pugnando por salir.

Un beso!!

Sucede dijo...

Muy ingenioso, yo me hago mi propia idea de lo que pasó con él... no acaba bien, no! jeje
Abrazos!!!